Investigador principal: Omar Barroso Khodr
Autores: Noh et al. (2025)
Título original: El impacto del capital social de los líderes políticos en el éxito de las políticas: El caso de los sistemas alimentarios locales
Lugar de la intervención: Nueva York (EE. UU.)
Tamaño de la muestra: 185 líderes municipales.
Variable principal de interés: Acceso a los alimentos
Tipo de intervención: Liderazgo colaborativo entre gobiernos.
Metodología: Métodos mixtos (investigación cualitativa y cuantitativa) y regresión por mínimos cuadrados ordinarios (MCO).
Resumen
Según Noh et al. (2025), los enfoques de red para el liderazgo colaborativo indican que el éxito de los líderes locales depende de su capacidad para conectar la organización con múltiples partes interesadas y fuentes de recursos. Basándose en la literatura sobre redes de gestión y utilizando un enfoque de métodos mixtos —que incluye 38 entrevistas semiestructuradas y una encuesta a 185 líderes municipales del estado de Nueva York—, los autores investigan cómo los esfuerzos de creación de redes de estos líderes influyen en el acceso a los alimentos y la seguridad alimentaria en sus comunidades. Plantean la hipótesis de que diferentes formas de capital social (de conexión, de enlace y de vinculación) afectan el desempeño de las políticas públicas. Sin embargo, los resultados muestran que solo el capital social de conexión tiene un impacto significativo en el acceso a los alimentos. El estudio concluye con sugerencias para futuras investigaciones y recomendaciones de políticas públicas.
- Problema de política
En primer lugar, Noh et al. (2025) identifican un problema central de política pública: ¿cómo pueden los gobiernos locales abordar problemas complejos en un contexto de austeridad fiscal y crecientes responsabilidades? Las ciudades y los pueblos se ven cada vez más presionados para resolver desafíos como el acceso a los alimentos, incluso ante la reducción del apoyo estatal y federal. Esto crea un dilema crucial: los líderes locales necesitan encontrar nuevas formas de obtener resultados efectivos sin depender de las estructuras tradicionales de financiación y coordinación vertical. El estudio investiga cómo el liderazgo colaborativo puede subsanar esta deficiencia, reconociendo que los problemas públicos contemporáneos requieren enfoques multisectoriales y multinivel que superan la capacidad de cualquier gobierno individual.
En segundo lugar, el estudio busca esclarecer cómo funciona el liderazgo colaborativo en la práctica. Si bien se reconoce ampliamente su importancia, su dinámica interna —en particular el papel de los diferentes actores— aún no se comprende del todo. Sin claridad sobre qué comportamientos de creación de redes son más efectivos, los gobiernos locales no pueden dirigir estratégicamente sus limitados recursos. Existe una falta de orientación sobre a quién movilizar, cómo definir los problemas y qué canales utilizar para obtener apoyo. El estudio profundiza en este punto al ir más allá de la simple medición de la intensidad de las redes y examinar con quiénes se conectan los líderes y cómo estas relaciones específicas influyen en los resultados de las políticas.
En tercer lugar, el estudio aborda el reto de identificar qué tipos de relaciones son más eficaces para alcanzar los objetivos públicos. Si bien no todas las colaboraciones tienen el mismo valor, investigaciones anteriores han tratado la creación de redes como una actividad homogénea, centrándose únicamente en la fuerza o la frecuencia de los vínculos. Esto dificulta la toma de decisiones estratégicas sobre dónde invertir tiempo y energía. Al diferenciar entre capital de cohesión, de conexión y de enlace, el estudio ofrece una comprensión más precisa de qué relaciones funcionan como canales eficaces para los recursos esenciales. Por lo tanto, la pregunta de investigación examina directamente el impacto de estos diferentes tipos de redes en la eficacia de las políticas locales.
En consecuencia, el estudio utiliza el acceso a los alimentos como campo empírico para explorar cuestiones más amplias de gobernanza en red. La política alimentaria es un claro ejemplo de los desafíos que enfrentan los gobiernos locales: depende de una constelación de actores —proveedores, organizaciones sin fines de lucro, bancos de alimentos regionales— que operan en múltiples niveles para conectar las necesidades de los ciudadanos con los recursos disponibles. Los líderes locales deben interactuar con actores que a menudo se extienden más allá de los límites de sus comunidades. Al analizar cómo los supervisores municipales y los alcaldes del estado de Nueva York construyen redes para mejorar el acceso a los alimentos, el estudio genera conocimientos aplicables a otras áreas de políticas complejas, donde los gobiernos locales necesitan aprovechar las relaciones externas para compensar las capacidades internas limitadas y el menor apoyo de los niveles superiores.
- Contexto de implementación de políticas
Este estudio parte de una visión de liderazgo colaborativo basada en redes, desplazando el enfoque de las habilidades gerenciales individuales a la capacidad de construir y coordinar relaciones que trasciendan las fronteras organizacionales. Esta perspectiva es particularmente relevante a nivel local, donde los gobiernos se enfrentan a la escasez de recursos y a problemas complejos —como el acceso a los alimentos— que no pueden resolverse de forma aislada. En este enfoque, el liderazgo es un proceso relacional que implica actuar más allá de las estructuras tradicionales, asignar recursos de manera eficiente y equilibrar los intereses de múltiples partes interesadas. La literatura muestra que los líderes locales eficaces tienden a ser comunicadores capaces de forjar vínculos con la sociedad civil, otros gestores públicos y actores políticos para lograr resultados.
Noh et al. (2025) abordan una importante laguna teórica: la comprensión del funcionamiento de las redes gerenciales. Investigaciones previas, como el trabajo fundamental de Meier y O'Toole (2003; 2010), enfatizaron la intensidad de las actividades de creación de redes, pero esta métrica no refleja los distintos tipos de recursos, información y apoyo que surgen de las relaciones. Para avanzar en este sentido, el estudio integra la literatura sobre redes gerenciales con la teoría del capital social, proponiendo un marco que diferencia los tipos de grupos de interés con los que se conectan los líderes. Esto permite analizar cómo la naturaleza de cada relación influye en las oportunidades y limitaciones para la implementación de políticas.
A partir de esta integración teórica, el estudio define tres formas de capital social gerencial: capital de cohesión, capital puente y capital de vinculación. El capital de cohesión se refiere a las conexiones de un líder con grupos homogéneos, especialmente con su comunidad local. Estos fuertes lazos, basados en la confianza, facilitan la comunicación, la coordinación y la acción colectiva, y pueden mejorar el acceso a los alimentos mediante el reparto y la distribución equitativa.
A continuación, el capital puente implica, a su vez, conexiones con actores externos y heterogéneos, como otros municipios, organizaciones sin fines de lucro y empresas. Estos vínculos amplían el acceso a nuevas perspectivas, recursos innovadores, apoyo financiero y voluntarios, lo que ayuda a los gobiernos locales a superar sus limitaciones estructurales. De esta manera, el capital de enlace abarca relaciones verticales con autoridades de nivel superior, como los gobiernos municipales y estatales. Se espera que estos vínculos proporcionen apoyo político, subsidios y orientación técnica, fortaleciendo la legitimidad y la capacidad de implementación de las políticas locales.
- Detalles de la evaluación
La metodología empleada por Noh et al. se organiza en dos fases distintas de recolección de datos: una fase cualitativa, basada en entrevistas semiestructuradas, seguida de una encuesta cuantitativa a gran escala. En la fase cualitativa, la base de muestreo consistió en un directorio exhaustivo de funcionarios públicos de condados, ciudades, pueblos y municipios incorporados en todo el estado de Nueva York, excluyendo la ciudad de Nueva York. La población objetivo para las entrevistas fueron los funcionarios electos de las cinco regiones con la mayor concentración de residentes rurales.
En este contexto, los investigadores combinaron técnicas de muestreo aleatorio y de bola de nieve, lo que dio como resultado 38 entrevistas grabadas a través de Zoom, cada una con una duración aproximada de una hora. El protocolo contenía 15 preguntas abiertas sobre temas como sistemas alimentarios locales, gobernanza y políticas públicas. En la fase cuantitativa, la encuesta se distribuyó a todas las autoridades públicas de las nueve regiones económicas del estado a través de la plataforma Qualtrics. El proceso de distribución incluyó una invitación inicial por correo electrónico el 4 de enero de 2023, seguida de dos recordatorios, con fecha límite el 1 de febrero.
Según los autores, se recibieron un total de 254 respuestas, que posteriormente se refinaron a 185 cuestionarios completos tras excluir los incompletos, lo que resultó en una tasa de respuesta del 14,2 %. Si bien reconocen que esta tasa es baja, los autores la contextualizan a la luz de estudios previos con autoridades locales electas, en los que las encuestas electrónicas suelen registrar tasas entre el 13 % y el 22 %. Para evaluar un posible sesgo de respuesta, se realizó una prueba de bondad de ajuste chi-cuadrado comparando la distribución de la muestra entre las regiones económicas con la distribución esperada de la población [1].
Así, el instrumento de investigación se desarrolló a partir de un análisis preliminar de las entrevistas y constaba de 25 preguntas distribuidas en seis secciones: acceso a los alimentos, producción de alimentos, políticas y prácticas, remuneración, gobernanza y motivación, además de un bloque final de preguntas demográficas. La muestra final estaba compuesta principalmente por supervisores municipales o alcaldes de aldea (aproximadamente el 80%), predominantemente hombres (66%), de entre 60 y 69 años, y con estudios universitarios o superiores (64,1%). Casi la mitad de los encuestados (46,4%) tenía menos de cinco años de experiencia en el cargo, y una parte significativa (aproximadamente el 40%) declaró trabajar 20 horas semanales o menos, a menudo de forma voluntaria o sin remuneración.
- Método
Los autores adoptan un enfoque de métodos mixtos para operacionalizar las variables clave y analizar los datos, combinando el análisis cuantitativo de cuestionarios con evidencia cualitativa obtenida mediante entrevistas. En el componente cuantitativo, la variable dependiente —acceso a los alimentos— se mide utilizando tres indicadores basados en la ubicación: acceso a siete tipos de minoristas de alimentos (como supermercados, mercados de agricultores y bancos de alimentos); acceso a tiendas y organizaciones que atienden a residentes que experimentan inseguridad alimentaria (incluidos establecimientos que aceptan SNAP y entidades de asistencia social); y acceso a sitios de producción de alimentos, como huertos comunitarios y granjas.
Noh et al. destacan que las variables independientes capturan la actividad de creación de redes de los líderes locales, medida mediante preguntas sobre la frecuencia de interacción con diferentes partes interesadas, utilizando una escala Likert de cinco puntos. Estas interacciones se clasifican en tres formas de capital social: capital de enlace, que se refiere a la colaboración con miembros de la comunidad (votantes, empresarios locales); capital puente, relacionado con la cooperación con supervisores locales, universidades, organizaciones sin fines de lucro y empresas privadas; y capital de enlace, que implica relaciones con instituciones formales de autoridad superior, como autoridades municipales y estatales y funcionarios de agencias gubernamentales.
Las variables de control incluyen factores asociados con la capacidad organizativa (recursos, personal dedicado, presupuesto), el tipo de gobierno (ciudades frente a pueblos), las características individuales de los líderes (género, edad, educación, duración del mandato, ideología política) y las características socioeconómicas de la localidad (ingreso familiar medio, tasa de empleo, población y un índice de ingresos locales como indicador de la salud fiscal).
Para el análisis de datos, el estudio utiliza la regresión de mínimos cuadrados ordinarios (MCO) para contrastar hipótesis sobre la relación entre las actividades de creación de redes y los resultados del acceso a los alimentos. Para complementar y contextualizar los hallazgos estadísticos, los autores incorporan datos cualitativos de entrevistas semiestructuradas realizadas en la fase inicial. Estos datos se analizan mediante un proceso de codificación sistemático en dos etapas. En la primera etapa, una técnica de codificación rápida, basada en un modelo de resumen, organiza las respuestas en 12 categorías principales, como producción de alimentos, compensación y colaboración interna y externa.
En la segunda etapa, el primer autor revisa el material para realizar una codificación inductiva iterativa, centrándose específicamente en las categorías de colaboración e identificando cinco temas principales: vinculación, conexión, recursos y liderazgo. Para garantizar el rigor analítico y evitar la selección sesgada de fragmentos, el segundo autor revisa y verifica la codificación, y las conclusiones se validan mediante la presentación de evidencia exhaustiva y citas detalladas que respaldan el análisis temático.
- Resultados principales
Los resultados cuantitativos muestran que el capital puente es la única forma de capital social con una asociación positiva y estadísticamente significativa con el acceso a los alimentos. Cada aumento de una unidad en este tipo de capital incrementa el acceso a los minoristas en 0,408, el apoyo a los residentes con inseguridad alimentaria en 0,479 y el acceso a la producción de alimentos en 0,375. Según los autores, estos efectos se mantienen constantes en las tres medidas analizadas. En cambio, el capital de enlace (relaciones con ciudadanos y voluntarios locales) y el capital de enlace (relaciones con autoridades municipales y estatales) no muestran un impacto significativo.
Entre las variables de control, la capacidad organizativa solo mejora el acceso a los minoristas, mientras que los gobiernos municipales —en comparación con las aldeas— muestran efectos negativos en el acceso a los minoristas y en el apoyo a los residentes con inseguridad alimentaria. Las características individuales de los líderes, como el género, también destacan: el liderazgo masculino se asocia con un mayor acceso al apoyo alimentario que el liderazgo femenino.
Así, los autores señalan que los resultados cualitativos ayudan a explicar estos patrones. En el caso del capital comunitario, las entrevistas revelan una marcada heterogeneidad: algunos municipios cuentan con un voluntariado activo, mientras que otros experimentan un fuerte descenso en la participación comunitaria y dificultades de movilización. Esta variabilidad sugiere que la participación comunitaria no constituye un mecanismo consistente para mejorar los resultados de las políticas públicas.
En este sentido, el capital puente, a su vez, aparece recurrentemente en 31 de las 38 entrevistas como un elemento indispensable para el éxito. Los líderes señalan que las redes externas —como las reuniones mensuales de supervisión, las colaboraciones informales con ciudades vecinas y las alianzas con organizaciones sin fines de lucro, iglesias y empresas— proporcionan información, recursos y espacios estables para la cooperación. Estas conexiones son especialmente importantes dados los limitados recursos locales, ya que permiten el acceso a financiación externa e infraestructura de la que carecen los municipios, de forma aislada.
Finalmente, se describe que la vinculación del capital se caracteriza por relaciones tensas con los niveles superiores de gobierno. Si bien algunos reconocen la importancia de los programas federales, como los fondos ARPA, muchos reportan falta de orientación, dificultades para contactar a las agencias estatales y la percepción de que los gobiernos estatales y federales no apoyan —o incluso obstaculizan— a los municipios y pueblos más pequeños. Esta experiencia predominantemente negativa ayuda a explicar por qué la vinculación del capital no se traduce en mejoras significativas en el acceso a los alimentos en los análisis cuantitativos.
- Lecciones de política pública
Noh et al. (2025) ofrecen una perspectiva sobre cómo las comunidades pueden abordar eficazmente desafíos complejos, como garantizar el acceso universal a los alimentos. La primera sorpresa del estudio radica en que los lazos internos —la confianza entre vecinos, el sentido de pertenencia y la ayuda mutua— no fueron suficientes para mejorar el acceso a los alimentos. Incluso en comunidades muy unidas, estas relaciones no generaron la movilización necesaria. A menudo, faltaba una reciprocidad genuina o, simplemente, recursos para transformar la buena voluntad en acciones concretas.
De este modo, los autores destacan que lo mismo se aplica a las relaciones con los gobiernos estatales y municipales. En teoría, contar con buenas conexiones con las autoridades debería facilitar la implementación de políticas públicas. En la práctica, los conflictos entre los distintos niveles de gobierno y la percepción de falta de apoyo han debilitado estos canales. El estudio desmantela la idea de que basta con tener una comunidad cohesionada y una jerarquía gubernamental bien definida para que las políticas funcionen. Cuando existen prioridades contrapuestas y escasos recursos, estos caminos se vuelven demasiado estrechos.
La clave reside en el análisis del llamado capital puente: las conexiones externas con organizaciones sin fines de lucro, iglesias, empresas e incluso otras ciudades. Aquí es donde reside la clave. Estas alianzas fueron la única forma de capital social que realmente amplió el acceso a los alimentos. Aportan nuevas ideas, recursos innovadores y soluciones creativas que no surgirían únicamente dentro de la comunidad. En tiempos de presupuestos ajustados y capacidades locales limitadas, buscar aliados más allá de los límites municipales deja de ser un lujo y se convierte en una estrategia esencial.
En este contexto, el estudio también arroja luz sobre un punto delicado: la relación entre los gobiernos locales y los de nivel superior. Los enfoques jerárquicos, al ignorar las particularidades de cada comunidad, pueden generar fricciones y estancar el proceso. Los autores muestran cómo los líderes municipales prefieren soluciones participativas, mientras que los gobiernos estatales y federales tienden a considerar las estructuras locales ineficientes y abogan por la consolidación. Este choque de perspectivas crea barreras reales. Para que las políticas funcionen, los gobiernos deben actuar como socios, ofreciendo apoyo, orientación y respeto por la autonomía local, y no solo imponiendo reformas estructurales.
Finalmente, el estudio deja un mensaje claro para quienes lideran las políticas públicas: inviertan tiempo y energía en construir redes externas. Ahí es donde surgen los resultados más concretos. Y, para quienes evalúan las políticas, la lección es clara: no basta con medir cuántas conexiones tiene un gerente. Es necesario comprender la calidad de estas relaciones: si existe confianza, alineación de objetivos y un compromiso duradero. El estudio también abre el camino para futuras investigaciones sobre cómo los diferentes tipos de capital social pueden combinarse en contextos específicos, ofreciendo una hoja de ruta prometedora para políticas más inteligentes y efectivas.
Referencias
Meier, K.J., & O'Toole, L.J. (2003). Gestión pública y desempeño educativo: El impacto de las redes gerenciales. Public Administration Review, 63(6), 689–699. https://doi.org/10.1111/1540-6210.00332
Meier, K.J., & O'Toole, L.J. (2010). Cuidado con los gerentes que no son regalos: Cómo la capacidad gerencial aumenta el impacto de las redes gerenciales. Public Administration, 88(4), 1025–1044. https://doi.org/10.1111/j.1467-9299.2010.01853.x
[1] El resultado de la prueba (χ² = 22,77, gl = 8, p = 0,004) indicó que la muestra era adecuadamente representativa.