Investigador principal: Omar Barroso Khodr
Autores: Funke, Schularick y Trebesch (2023)
Título original: Los líderes populistas y la economía
Lugar de la intervención: Análisis comparativo global entre países
Tamaño de la muestra: 60 países, que incluyen a todos los miembros actuales de la OCDE/UE, los nueve países más grandes de Sudamérica y diez importantes mercados emergentes de Asia y África, que representan más del 95% del PIB mundial.
Variable principal de interés: Tasa de crecimiento anual real del PIB per cápita.
Tipo de intervención: Estudio de caso en economía política aplicada.
metodología: Efectos fijos, inferencia causal y control sintético
Resumen
Según Funke, Schularick y Trebesch (2023), el populismo a nivel nacional se encuentra en su punto álgido, con más del 25 % de las naciones gobernadas actualmente por líderes populistas. Ante este panorama, los autores se preguntan: ¿cómo se comportan las economías bajo gobiernos populistas? Para responder a esta pregunta, construyeron una nueva base de datos histórica y comparativa entre países, lo que les permitió analizar la trayectoria macroeconómica del populismo a lo largo del tiempo. Los autores identifican 51 presidentes y primeros ministros populistas entre 1900 y 2020 y demuestran que el costo económico del populismo es elevado. Tras 15 años, el PIB per cápita tiende a ser aproximadamente un 10 % inferior en comparación con un escenario hipotético sin populismo. El deterioro económico, la pérdida de estabilidad macroeconómica y la erosión institucional suelen ir de la mano bajo administraciones populistas.
- Problema de política
Funke, Schularick y Trebesch buscan identificar y cuantificar las consecuencias económicas del liderazgo populista, retomando la visión clásica de que el populismo produce un breve auge de crecimiento seguido de un colapso “autodestructivo”. Señalan que estudios influyentes, como el de Dornbusch y Edwards (1991) para América Latina, describen un “ciclo populista” basado en políticas fiscales expansivas que culminan en crisis.
Sin embargo, los autores sostienen que aún existe una escasez de evidencia cuantitativa rigurosa sobre los efectos macroeconómicos del populismo —especialmente en las economías avanzadas— y que, durante mucho tiempo, este fenómeno se consideró restringido al mundo en desarrollo. Por lo tanto, este artículo busca subsanar esta deficiencia ofreciendo un análisis sistemático, a largo plazo y comparativo del desempeño económico bajo gobiernos populistas.
Un segundo objetivo es abordar el desafío metodológico de identificar de forma consistente a los líderes populistas, condición necesaria para la inferencia causal. Para ello, el estudio recopila un nuevo conjunto de datos que abarca 60 países entre 1900 y 2020, representando más del 95 % del PIB mundial. La clasificación de los casi 1.500 líderes sigue una definición ampliamente aceptada en la ciencia política, centrada en la retórica de oposición entre «el pueblo» y «las élites».
Finalmente, el artículo estima la magnitud y los canales de los efectos económicos del populismo. Mediante diferentes estrategias de inferencia causal —estudios de eventos, proyecciones locales ponderadas por probabilidad inversa y control sintético—, los autores encuentran costos económicos severos y persistentes. En promedio, después de 15 años, el PIB real per cápita es aproximadamente un 10 % menor que en un escenario contrafactual sin populismo, un resultado consistente en todas las regiones, períodos y orientaciones ideológicas.
Además, el estudio también identifica consecuencias políticas asociadas: desintegración económica (disminución del comercio y la integración financiera), políticas macroeconómicas insostenibles (aumento de la deuda y la inflación) y erosión institucional (debilitamiento de los controles y equilibrios, la independencia judicial y la libertad de prensa). Estos hallazgos sugieren que el populismo erosiona las ventajas económicas que normalmente se asocian con instituciones democráticas sólidas.
- Contexto de implementación de políticas
Este estudio se inscribe en la literatura existente sobre populismo, destacando tanto el consenso conceptual como la escasez de análisis económicos cuantitativos. Si bien la visión clásica —influenciada por trabajos sobre América Latina (Sachs 1989; Dornbusch y Edwards 1991)— sostiene que los líderes populistas generan un breve ciclo de crecimiento seguido de una crisis autodestructiva, la evidencia sistemática más allá de este contexto, especialmente para las economías avanzadas, sigue siendo limitada. Esta investigación busca subsanar esta deficiencia ofreciendo una reevaluación cuantitativa integral de los efectos macroeconómicos del populismo desde 1900.
Metodológicamente, el estudio se fundamenta en la definición moderna de populismo como oposición entre «el pueblo» y «las élites» (Mudde 2004), ampliamente adoptada también en economía (Guriev y Papaioannou 2020). En este contexto, los autores codificaron a casi 1.500 líderes a partir de 770 fuentes, distinguiendo su enfoque de métodos alternativos, como el análisis del discurso textual (Hawkins et al. 2019). La comparación con bases de datos existentes revela una alta concordancia (86-91 %) cuando se utilizan definiciones similares, surgiendo divergencias únicamente cuando otras clasificaciones incorporan resultados económicos.
Finalmente, el artículo sitúa su contribución dentro del marco más amplio sobre líderes, política y desempeño económico. Dialoga con estudios que investigan el impacto de líderes o partidos en la economía (Jones y Olken 2005; Blinder y Watson 2016) y con investigaciones sobre los determinantes económicos del populismo (Funke, Schularick y Trebesch 2016; Rodrik 2018; Guiso et al. 2018). Sin embargo, señala que pocos estudios examinan las consecuencias económicas de los propios líderes populistas. Por lo tanto, su evidencia sobre los efectos negativos sustanciales y persistentes del populismo constituye una contribución directa a un campo aún relativamente inexplorado, pero de gran relevancia para el debate sobre políticas públicas.
- Detalles de la evaluación
Los autores evalúan a los líderes políticos basándose en una definición conceptual de populismo, no en los resultados de sus políticas ni en las características institucionales. La definición central exige que el líder divida la sociedad en dos grupos antagónicos —«el pueblo» frente a «las élites»— y se atribuya la condición de único representante legítimo del «verdadero pueblo». Esta definición se aplica explícitamente independientemente de la posición del líder en el espectro ideológico izquierda-derecha, sus políticas económicas o el nivel de desarrollo del país.
Los autores excluyen deliberadamente los resultados de las políticas públicas (como el gasto social o los déficits fiscales) de los criterios de clasificación, diferenciando así su enfoque de las definiciones económicas previas de populismo. Para mantener el enfoque conceptual, distinguen a los populistas declarados de los líderes carismáticos o confrontativos que no se ajustan a la lógica populista —como Thatcher, Reagan y Putin—, verificando si el conflicto entre el pueblo y las élites ocupa un lugar central en la agenda política del líder.
Para operacionalizar esta evaluación, el estudio establece un procedimiento de codificación basado en el discurso político, especialmente en la identificación de los objetivos de la crítica del líder. Los populistas de izquierda se definen como aquellos cuyo antielitismo se expresa predominantemente en términos económicos, dirigido a las élites financieras, capitalistas u oligárquicas. Los populistas de derecha, por otro lado, se caracterizan por un discurso formulado en términos culturales, dirigido a extranjeros, minorías étnicas o religiosas y élites políticas acusadas de protegerlas. Es importante señalar que el estudio no utiliza otras características frecuentemente asociadas con el populismo —como un estilo personalista, antipluralismo, lenguaje provocador o afinidad con teorías conspirativas— debido a la dificultad de cuantificarlas de manera consistente en todos los casos.
La muestra analizada abarca 60 países, incluyendo a todos los miembros actuales de la OCDE/UE, los nueve países más grandes de Sudamérica y diez importantes mercados emergentes de Asia y África, que representan más del 95% del PIB mundial. La unidad de análisis es el jefe de gobierno central (presidente o primer ministro), con cronogramas extraídos del conjunto de datos de Archigos y extendidos hasta diciembre de 2020. Entre 1900 y 2020, se identificaron 1.482 líderes (1.853 mandatos), de los cuales 51 fueron clasificados como populistas (3,4% de los líderes), responsables de 72 mandatos (3,9% del total). Estos mandatos se distribuyen casi por igual entre populistas de izquierda (35) y populistas de derecha (37). Geográficamente, Latinoamérica y Europa concentran la mayoría de los casos, con un predominio de populistas de izquierda en Latinoamérica y de derecha en Europa, mientras que Asia, Norteamérica, África y Oceanía muestran ocurrencias más dispersas.
- Método
La metodología del estudio se organiza en tres enfoques cuantitativos principales: (i) análisis descriptivo de la brecha de crecimiento, (ii) estudio de eventos de panel y (iii) dos técnicas de inferencia causal: proyecciones locales ponderadas por verosimilitud inversa (IPWRA-PL) y el método de control sintético. El objetivo es estimar el impacto de la llegada al poder de un líder populista sobre el crecimiento del PIB real per cápita, en comparación con un escenario contrafactual sin populismo.
A continuación, el análisis descriptivo sigue el método de Blinder y Watson (2016). Los autores calculan una «brecha de desempeño» restando a la tasa de crecimiento anual bajo gobiernos populistas tanto la tendencia a largo plazo del país como el crecimiento global contemporáneo. Esta brecha es sistemáticamente negativa, situándose entre -0,5 y -1 punto porcentual en los 5 y 15 años posteriores al auge del populismo.
De esta forma, el estudio aplica un análisis de panel con efectos fijos por país y año. Una variable dicotómica identifica los 5 o 15 años posteriores al inicio de un gobierno populista, y la variable dependiente es el crecimiento anual del PIB per cápita. El modelo controla la inflación, la apertura comercial y diversas crisis financieras. El coeficiente asociado al populismo indica una penalización significativa de aproximadamente un punto porcentual por año.
Para capturar la dinámica temporal, se utilizan proyecciones locales (Jordà, 2005), que estiman la variación acumulada del PIB per cápita tras la transición a un gobierno populista, controlando los desfases en crecimiento, inflación, calidad institucional, democracia y crisis. Para mitigar la endogeneidad, se aplica el estimador IPWRA-PL: un modelo logit estima la probabilidad de que un populista asuma el poder (aumentada por crisis bancarias y caídas del crecimiento), y las proyecciones locales se ponderan nuevamente mediante probabilidades inversas. Los resultados confirman una trayectoria de crecimiento significativamente más débil, con pérdidas superiores al 10 % después de 15 años.
Finalmente, el método de control sintético construye un contrafactual “doble” para cada episodio populista, emparejando países donantes que replican la trayectoria previa del país objetivo (normalmente 15 años antes). Las variables de emparejamiento incluyen el PIB real, la calidad institucional, la democracia y el historial de crisis. El impacto se mide mediante la “brecha del doble”, es decir, la diferencia entre el PIB observado y el PIB contrafactual sintético tras la llegada del populista. La incertidumbre se evalúa mediante intervalos de pronóstico que incorporan errores dentro y fuera de la muestra, basados en simulaciones y límites subgaussianos.
- Resultados principales
El estudio presenta varios hallazgos relevantes sobre las consecuencias económicas e institucionales del liderazgo populista. En primer lugar, a pesar de la retórica de defensa del pueblo y la justicia social, no hay evidencia de una reducción significativa de la desigualdad. Mediante métodos de control sintético aplicados al índice de Gini después de impuestos y a la participación del ingreso laboral, los autores demuestran que la llegada de los populistas al poder no altera de forma estadísticamente significativa la distribución del ingreso ni la participación del ingreso laboral hasta una década después de asumir el cargo.
En segundo lugar, el populismo se asocia con un declive de la integración económica internacional. Bajo gobiernos populistas, los aranceles a las importaciones se desvían del escenario hipotético y disminuyen menos de lo esperado; la apertura comercial se reduce; y la integración financiera —medida por el Índice de Globalización Financiera KOF— retrocede aproximadamente cinco puntos con respecto al grupo de control sintético. Estos resultados sugieren que los populistas suelen implementar agendas de nacionalismo económico y proteccionismo.
En tercer lugar, a nivel macroeconómico, el estudio confirma el patrón de políticas insostenibles descrito por Dornbusch y Edwards. La deuda pública como proporción del PIB aumenta persistentemente, acumulándose hasta 10 puntos porcentuales adicionales después de 15 años. La inflación también tiende a subir, aunque con estimaciones menos precisas, especialmente si se excluyen los episodios de hiperinflación previos.
En cuarto lugar, los autores encuentran pruebas sólidas de erosión institucional. Basándose en los indicadores del proyecto. Variedades de Democracia (V-Dem)Observan descensos significativos en la independencia judicial, la integridad electoral y la libertad de prensa tras el auge de los populistas. La diferencia con respecto al escenario hipotético oscila entre 5 y 15 puntos porcentuales después de una década, una magnitud comparable a la brecha institucional entre países como Noruega y Colombia. Si bien solo 8 de los 51 casos evolucionaron hacia regímenes plenamente autoritarios, la mayoría muestra un deterioro democrático relevante, con instituciones formales preservadas pero debilitadas.
En general, el estudio concluye que los líderes populistas dejan efectos económicos e institucionales negativos y duraderos. El mal desempeño económico —reflejado en caídas sustanciales del PIB real—, sumado al deterioro institucional, ayuda a explicar por qué estos gobiernos no se autodestruyen rápidamente, incluso ante resultados económicos débiles. Los autores destacan la necesidad de investigar más a fondo las condiciones que favorecen el ascenso de los populistas, los mecanismos que mantienen su poder y las políticas específicas que adoptan.
- Lecciones de política pública
A partir de las conclusiones de Funke, Schularick y Trebesch, se desprenden importantes lecciones para la ciudadanía, los responsables políticos y las instituciones internacionales. En primer lugar, los líderes populistas no cumplen su promesa de mejorar la situación económica del pueblo: no se observa una reducción significativa de la desigualdad ni un aumento de la participación de los ingresos laborales. Por el contrario, tras 15 años, el PIB real per cápita es aproximadamente un 10 % inferior al de un escenario sin populismo. Por consiguiente, los votantes y las instituciones deberían mostrarse escépticos ante las promesas antielitistas que pretenden generar grandes beneficios materiales.
En segundo lugar, el populismo conduce a la desintegración económica y a políticas macroeconómicas insostenibles. Los gobiernos populistas reducen la integración comercial y financiera, aumentan los aranceles y disminuyen la apertura económica. La deuda pública crece hasta 10 puntos porcentuales en 15 años y la inflación tiende a incrementarse. Esto implica un mayor riesgo soberano, lo que obliga a los países, las instituciones financieras internacionales y las agencias de calificación a incorporar el liderazgo populista como un factor de vulnerabilidad económica.
En tercer lugar, el estudio documenta una erosión constante de las instituciones democráticas. La independencia judicial, la integridad electoral y la libertad de prensa disminuyen significativamente, en una magnitud comparable a la diferencia entre democracias consolidadas y frágiles. Si bien pocos casos derivan en autoritarismo abierto, la mayoría debilita los controles y equilibrios y restringe la oposición. Por lo tanto, es necesario fortalecer las garantías democráticas —una prensa libre, un poder judicial autónomo, supervisión electoral y normas constitucionales sólidas— y las organizaciones internacionales deben monitorear y responder a los retrocesos institucionales.
Finalmente, los populistas se mantienen en el poder durante más tiempo —en promedio, ocho años, en comparación con los cuatro años de los líderes no populistas— porque modifican las normas institucionales que prolongan su permanencia, incluso ante un desempeño económico débil. Esto significa que la oposición democrática, la sociedad civil y los observadores internacionales no pueden basarse únicamente en el mal desempeño económico para limitar a los gobiernos populistas. Las inversiones continuas en la resiliencia democrática —educación cívica, medios de comunicación independientes, estado de derecho y elecciones transparentes— son esenciales para mitigar el daño a largo plazo a la economía y las instituciones.
Referencias
Blinder, Alan S., y Mark W. Watson. 2016. “Presidentes y la economía de EE. UU.: una exploración econométrica”. American Economic Review 106 (4): 1015–45.
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Guriev, Sergei y Elias Papaioannou. 2020. “La economía política del populismo”. Documento de debate del CEPR DP14433.
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