La seguridad pública en Brasil siempre ha sido un tema central en el debate público, movilizando la opinión de la sociedad civil, los poderes estatales y la academia. En 2025, el contexto presenta nuevos desafíos y dinámicas complejas que exigen una comprensión profunda por parte de la ciudadanía, los gestores y los profesionales del derecho.
Las transformaciones tecnológicas, el crimen organizado, la violencia urbana, las nuevas formas de delincuencia y los cambios institucionales obligan a reevaluar los modelos de seguridad tradicionales. Uno de los principales retos para 2025 es el avance del crimen organizado en redes, que trasciende las fronteras geográficas e interactúa con otros tipos de delitos, como el narcotráfico internacional, el tráfico de armas, la trata de personas y la ciberdelincuencia.
Organizaciones criminales como bandas carcelarias, milicias y cárteles han expandido sus operaciones más allá del crimen común, estableciendo estructuras empresariales sofisticadas con una gran capacidad para corromper a funcionarios públicos e infiltrarse en el poder estatal.

El escenario de seguridad pública en Brasil
La seguridad pública ya no puede considerarse de forma aislada. Es necesario un enfoque sistémico e integrado, con cooperación entre las entidades federativas (Unión, estados y municipios), las fuerzas policiales, la Fiscalía, el Poder Judicial y la sociedad civil. Las políticas de seguridad deben concebirse dentro de una estrategia nacional que abarque la prevención, la represión cualificada, la inteligencia y la inversión en tecnología.
Uno de los aspectos que merece mayor atención por parte de los agentes públicos es la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado, ya que estos problemas, mucho más allá de las cuestiones penales, también requieren la actuación de los agentes sanitarios para revertir la situación de los consumidores de drogas.
Según el Foro Brasileño de Seguridad Pública, en 2023 se registraron 46 muertes violentas en todo el país, lo que representa una tasa de 22,8 muertes por cada 100 habitantes. Parte de esta estadística, que sitúa a Brasil entre los países con las tasas de homicidio más altas del mundo, puede entenderse como consecuencia del crecimiento del crimen organizado.
Hasta hace unas décadas, el crimen organizado se preocupaba principalmente por la presencia del Estado como regulador de dichas actividades ilícitas. Sin embargo, con el paso de los años, debido al fortalecimiento de estas organizaciones y a las deficiencias de la seguridad pública para frenar su crecimiento, las facciones comenzaron a centrarse más en sus rivales directos, relegando la intervención estatal a un segundo plano.
Otro elemento crucial es la evolución de los ciberdelitos. Para 2025, los ataques digitales, el fraude electrónico, las intrusiones en sistemas bancarios y los delitos de desinformación serán más frecuentes y sofisticados.
La ciberdelincuencia exige un nuevo perfil de agentes de seguridad, con formación especializada, infraestructura técnica y legislación actualizada. En este contexto, la acción coordinada entre los organismos de investigación, los expertos en informática forense y las autoridades internacionales resulta indispensable, dada la naturaleza transnacional de estos delitos.
Uno de los sectores más afectados por este nuevo tipo de actividad ilegal es el de la abogacía. La conocida estafa de los "abogados falsos" ha engañado a muchos clientes, causándoles daños graves y, a menudo, irreparables.
PRINCIPALES DESAFÍOS EN LA REPRESIÓN DEL CRIMEN
La violencia policial y el uso excesivo de la fuerza siguen siendo obstáculos para la promoción efectiva de la ciudadanía y los derechos humanos. La letalidad policial en Brasil se encuentra entre las más altas del mundo, con elevadas tasas de muertes en operativos y enfrentamientos.
En 2025, aumenta la presión para que se implementen reformas en las fuerzas policiales militares y civiles, centrándose en la capacitación, la supervisión externa, la transparencia y la rendición de cuentas . La adopción de cámaras corporales, por ejemplo, ha demostrado ser eficaz para reducir los conflictos y aumentar la confianza pública en los agentes del orden.
Recientemente, otra medida adoptada por el Estado de Río de Janeiro consiste en la creación de una fuerza especializada dentro de la guardia civil municipal, que sería capaz de reprimir delitos cotidianos como robos y hurtos.
Por otro lado, el debate sobre la desmilitarización de la policía también está cobrando fuerza. La existencia de dos fuerzas con responsabilidades superpuestas —la Policía Militar y la Policía Civil— genera ineficiencias, conflictos y falta de coordinación. Los expertos abogan por la creación de una trayectoria profesional única e integral, centrada en la educación cívica, el uso progresivo de la fuerza y la policía comunitaria. La modernización de las instituciones policiales es fundamental para la reforma del sistema de seguridad.
En este mismo sentido, la relación entre seguridad pública y desigualdad social se hace aún más evidente. Las regiones con mayor exclusión, falta de servicios públicos y ausencia del Estado son las más vulnerables a las acciones de los grupos criminales, que utilizan los fondos obtenidos ilícitamente para reclutar a jóvenes y personas en situación de pobreza.
La lucha contra la delincuencia debe ir acompañada de políticas sociales que promuevan la educación, la generación de ingresos en zonas marginadas y la urbanización. La seguridad no se limita a la represión; también se fundamenta en la inclusión y la justicia social.
Vivimos en un país donde la desigualdad social es tan grande que, mientras hablamos de la generación de energía limpia, tenemos regiones donde la población vive cerca de sus propias aguas residuales, las tristemente célebres alcantarillas a cielo abierto.
Otro desafío importante es la gestión de la seguridad pública. Persiste la fragmentación institucional, con falta de estandarización de datos, escasa integración entre organismos y escasez de indicadores de desempeño. El uso de tecnologías de la información, macrodatos , análisis predictivos y sistemas de inteligencia es fundamental para una gestión más moderna y eficaz. Asimismo, se requiere con urgencia invertir en formación continua y en un liderazgo cualificado.
En 2025, también aumenta la preocupación por la violencia de género, el feminicidio y los delitos contra las personas LGBTQIA+. La seguridad pública debe ser más sensible a las necesidades específicas de estos colectivos, ofreciendo atención especializada, medidas de protección eficaces y capacitación para los agentes. Es fundamental integrar la perspectiva de género y la interseccionalidad en las políticas de seguridad, superando los prejuicios discriminatorios y promoviendo una cultura de respeto y protección.
Desafíos en el sistema penal y penitenciario
El problema penitenciario también exige atención en 2025. El sistema penitenciario brasileño sigue estando superpoblado, insalubre y dominado por grupos criminales. Lejos de rehabilitar, las cárceles a menudo funcionan como escuelas del delito, lo que requiere reformas profundas, con inversiones en penas alternativas, condenas restrictivas y mecanismos de reducción de daños.
La ejecución de las penas debe ser humana, guiada por la Constitución y las normas internacionales de derechos humanos, con el objetivo de garantizar que quienes han sido condenados puedan reintegrarse a la sociedad sin el riesgo de volver a una vida delictiva.
También es necesario replantear el funcionamiento del sistema de justicia. En muchos casos, se producen retrasos excesivos en los juicios, tramitación lenta de los casos y persecución selectiva. El acceso a la justicia sigue siendo desigual, y las poblaciones vulnerables se ven más afectadas por los abusos y las detenciones preventivas innecesarias. El Poder Judicial, la Fiscalía y la Defensoría Pública desempeñan un papel fundamental en la promoción de un sistema de justicia penal más equilibrado, eficiente y basado en los derechos humanos.
PROPUESTAS DEL PODER LEGISLATIVO
En el Congreso, observamos un movimiento encaminado a aumentar la pena para diversos delitos y a valorar a los profesionales que trabajan en este ámbito.
- Proyecto de Ley 7.769/2017: clasifica el homicidio contra personas mayores como un delito atroz;
- Proyecto de Ley 1.637/2019 – establece un mínimo de 20 años para la hospitalización obligatoria de los acusados considerados legalmente incapacitados debido a una enfermedad mental;
- Proyecto de Ley 3.191/2024: prevé una pena de prisión de tres a cinco años para quien obstruya una vía pública con barricadas para cometer delitos;
- Proyecto de Ley 6.158/2023: autoriza el uso de recursos del Fondo Nacional Penitenciario (Funpen) para la compra de inhibidores de señal de teléfonos celulares en las prisiones;
- Ley Pública 5.265/2023 – establece planes de defensa contra robos a empresas de transporte de efectivo y contra fugas de prisión;
- Proyecto de Ley 2.573/2023: proporciona asistencia psicológica o psiquiátrica a los profesionales de la seguridad pública que participan en operaciones de alto estrés;
- Proyecto de Ley 3.976/2020 – crea un registro nacional de pedófilos, con la publicación, en internet, de información sobre personas condenadas por delitos relacionados con la explotación sexual de niños y adolescentes; y
- El proyecto de ley 779/2024 crea la campaña Abril Blanco, que aborda la lucha contra la violencia contra los agentes de policía.
Esta cantidad de propuestas desde 2017 demuestra la constante búsqueda de soluciones por parte del parlamento, con el fin de crear un entorno más favorable para la construcción de una sociedad pacífica y justa.

CONCLUSIÓN
Es fundamental comprender que la seguridad pública no se construye únicamente con armas y prisiones. Se consolida mediante la educación, la justicia social, el respeto al estado de derecho y la dignidad de la persona humana.
En 2025, los desafíos son mayores, pero también lo son las oportunidades. Con voluntad política, una gestión inteligente y participación social, es posible construir un modelo de seguridad más eficiente y humano, compatible con los ideales democráticos de Brasil.
Entre las principales áreas a combatir, podemos decir que los dos objetivos principales son las facciones criminales y las milicias digitales.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
BALLESTEROS, Paula Rodríguez. Gestión de políticas de seguridad pública en Brasil: problemas, obstáculos y desafíos. Revista Brasileña de Seguridad Pública, vol. 8, n.º 1, págs. 6-22, 2014.
CANTANHEDE, Taliana Cristina Cunha et al. El dominio de las facciones en las prisiones brasileñas: desafíos y perspectivas para la seguridad pública. Contribuciones a las Ciencias Sociales, v. 18, n. 2, pág. 13, 2025.
COUTO, Aiala Colares Oliveira. Relaciones transfronterizas del narcotráfico en la Amazonía: de los delitos conexos a los desafíos de la seguridad regional. 2024.
MASCARENHAS, Diego Fonseca. Desafíos democráticos en la era digital: diagnósticos y soluciones para la producción de noticias falsas en Brasil a la luz de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Pensar-Revista de Ciências Jurídicas, vol. 29, n.º 1, págs. 1-12, 2024.
SANTOS, Juizmar Pereira; SANTOS, Leonardo Pereira; PIRES, Max Souza. SEGURIDAD, LIBERTAD Y DIGNIDAD: El derecho a la seguridad pública como fundamento del Estado de Derecho democrático. Revista Multidisciplinaria del Noreste de Minas Gerais, vol. 7, n.º 1, págs. 1-27, 2025.
SAPORI, Luis Flavio. Seguridad pública en Brasil: desafíos y perspectivas. FGV editora, 2007.