¿Qué es una economía baja en carbono y por qué se hablará mucho de ella en los próximos años?

Una economía baja en carbono es un modelo de desarrollo económico que busca reducir la intensidad de las emisiones de carbono derivadas de las actividades humanas con el fin de preservar un ecosistema.

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01 julio 2025

Una economía baja en carbono es un modelo de desarrollo económico que busca reducir la intensidad de las emisiones de carbono derivadas de las actividades humanas para preservar un ecosistema más sostenible. Esto implica disminuir la cantidad de emisiones de gases de efecto invernadero por unidad de producto o servicio generado. El objetivo principal es conciliar el crecimiento económico con la mitigación del cambio climático.

Este concepto implica la transición de un modelo altamente dependiente de los combustibles fósiles, como el carbón, el petróleo y el gas natural, como ocurre actualmente, a un sistema basado en fuentes de energía renovables, eficiencia energética, transporte sostenible, agricultura de bajo impacto y prácticas industriales limpias.

Hay varios puntos que merecen aclaración, especialmente para aquellos que no están directamente involucrados en este proceso de implementación pero sufrirán sus consecuencias. 

CONCEPTOS BÁSICOS: GEI, NEUTRALIDAD Y TRANSICIÓN JUSTA

Para comprender plenamente la economía baja en carbono, es esencial captar algunos conceptos fundamentales.

Los gases de efecto invernadero (GEI) son aquellos que atrapan el calor en la atmósfera, contribuyendo al calentamiento global. Los principales son el dióxido de carbono (CO₂), el metano (CH₄), los óxidos de nitrógeno (N₂O) y gases industriales como los HFC. Estos gases tienen un potencial dañino para la atmósfera, nuestra principal protección climática.

Otro concepto ampliamente utilizado hoy en día es la neutralidad de carbono, que se define como el equilibrio entre las emisiones de gases de efecto invernadero y la eliminación equivalente de carbono de la atmósfera. Esto se puede lograr mediante compensaciones como la reforestación o las tecnologías de captura de carbono.

Finalmente, una transición justa es un principio que busca asegurar que la transición a una economía baja en carbono se produzca de manera socialmente responsable, protegiendo a los trabajadores, las comunidades vulnerables y los sectores afectados. Un cambio de mercado de esta magnitud requiere medidas graduales para que la sociedad no sufra durante el proceso de adaptación.

¿Por qué es importante una economía baja en carbono?

La primera y más obvia razón para adoptar una economía baja en carbono es la urgencia de combatir los efectos del cambio climático. El Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) advierte que, para limitar el aumento de la temperatura global a 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales, será necesario reducir drásticamente las emisiones para 2030 y lograr la neutralidad de carbono para 2050.

Si no se alcanza este objetivo, el planeta se enfrentará a fenómenos meteorológicos extremos con mayor frecuencia e intensidad, lo que afectará a la biodiversidad, la producción de alimentos, la disponibilidad de agua potable y la salud pública.

Además de evitar los peores impactos ambientales, la economía baja en carbono representa una gran oportunidad económica. Se estima que la transición a modelos sostenibles podría generar millones de nuevos empleos en sectores como las energías renovables, la movilidad eléctrica, la construcción sostenible, la agricultura regenerativa y las tecnologías limpias.

El crecimiento de mercados como los de créditos de carbono, energía solar, eficiencia energética y tecnologías verdes crea oportunidades para las empresas que saben anticiparse a las tendencias.

Las empresas que lideran la transición climática suelen tener mejor acceso a la financiación, atraen a inversores preocupados por los criterios ESG (ambientales, sociales y de gobernanza) y obtienen la preferencia de consumidores cada vez más concienciados.

Cuando se crearon las computadoras e Internet, quienes fueron pioneros pudieron nadar en un océano azul, donde las oportunidades eran invaluables, y no sufrieron la competencia masiva. 

Partes interesadas en la economía baja en carbono

La presión para lograr una economía baja en carbono no proviene únicamente de la sociedad civil o de los inversores. Existe un movimiento global a favor de las regulaciones climáticas que impone obligaciones concretas a los gobiernos y las empresas.

El Acuerdo de París, firmado en 2015 por casi 200 países, establece objetivos nacionales de reducción de emisiones (NDC – Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional). Muchos países, incluido Brasil, ya han incorporado estos objetivos a su planificación estratégica.

Uno de los incentivos que los estados brasileños han otorgado para lograr estos objetivos es la exención del Impuesto sobre la Propiedad de Vehículos (IPVA) para los autos eléctricos. Esta medida ha mantenido fuerte el mercado automotriz, además de impulsar un cambio en las opciones energéticas de los consumidores para su transporte privado.

Las empresas que descuidan la agenda climática corren el grave riesgo de sufrir sanciones en el mercado. Los inversores institucionales, como los fondos de pensiones y los bancos multilaterales, ya priorizan las inversiones en empresas con un buen desempeño en materia de sostenibilidad.

Desde el punto de vista de la reputación, las marcas que se asocian con prácticas sostenibles obtienen mayor confianza y fidelidad por parte de sus clientes. Por otro lado, las empresas expuestas a escándalos medioambientales sufren un grave daño a su imagen.

La diversificación de la matriz energética, con una mayor proporción de fuentes renovables, también fortalece la seguridad energética nacional. Los países que dependen de las importaciones de petróleo y gas se enfrentan a riesgos geopolíticos, volatilidad de precios y vulnerabilidades estratégicas. 

Este hecho se hace evidente al considerar la realidad de Oriente Medio, donde gran parte de los conflictos se originan en la disputa por territorios con reservas de petróleo. En contraste con este mercado, las energías limpias, como la energía solar, pueden aplicarse prácticamente en todo el mundo.

Invertir en energías renovables y eficiencia energética aumenta la autonomía y la resiliencia energética, además de reducir la vulnerabilidad económica ante las crisis internacionales.

Tendencias globales y escenarios futuros

El Acuerdo de París, firmado en 2015, representa un hito en la lucha contra el cambio climático. Se trata de un tratado internacional adoptado por 195 países en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP21) celebrada en París en 2015, y que entró en vigor en 2016. Su principal objetivo es limitar el aumento de la temperatura media global a un máximo de 2 °C por encima de los niveles preindustriales, con esfuerzos para limitarlo a 1,5 °C. Para ello, los países signatarios han establecido sus propios objetivos de reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero (NDC).

Estos objetivos se revisan cada cinco años y deberían volverse gradualmente más ambiciosos. Brasil, por ejemplo, se ha comprometido a reducir sus emisiones en un 37 % para 2025 con respecto a los niveles de 2005 y en un 43 % para 2030.

Estrategias nacionales y regionales

Varios países han estado impulsando legislación específica para acelerar la transición hacia una economía baja en carbono. La Unión Europea está implementando el Pacto Verde Europeo y el Sistema de Comercio de Derechos de Emisión de la UE (EU ETS), con el objetivo de alcanzar la neutralidad de carbono para 2050.

En Estados Unidos, durante la administración Biden, se anunciaron importantes inversiones en energías limpias mediante la Ley de Reducción de la Inflación . Sin embargo, en 2017, durante la administración Trump, Estados Unidos se retiró del Acuerdo de París. Lo mismo ocurrió en 2025, con el regreso de Trump a la presidencia.

China, el mayor emisor mundial de gases de efecto invernadero, se ha posicionado como un actor clave en la lucha contra el cambio climático, buscando un equilibrio entre el desarrollo económico y la sostenibilidad. Su compromiso es alcanzar el pico de emisiones para 2030 y lograr la neutralidad para 2060.

En Brasil, adoptamos el Plan ABC+ (Agricultura Baja en Carbono), que consiste en una política destinada a reducir las emisiones en el sector agrícola, así como un compromiso real para combatir la deforestación y adoptar energías limpias.

Las grandes empresas globales también están asumiendo compromisos voluntarios para reducir las emisiones. Iniciativas como los Objetivos Basados ​​en la Ciencia (SBTi, por sus siglas en inglés) ayudan a las empresas a establecer objetivos alineados con la ciencia climática.

Gigantes como Microsoft, Amazon y Nestlé ya han declarado objetivos de neutralidad de carbono o cero emisiones netas en las próximas décadas.

Otras empresas que forman parte de la vida cotidiana de la población brasileña también buscan neutralizar las emisiones de carbono de sus operaciones, como es el caso de iFood. Tras cualquier compra realizada a través de la aplicación, iFood informa al consumidor que todas las emisiones de CO2 generadas en esa transacción ya han sido compensadas.

CONCLUSIÓN

La adopción de medidas más sostenibles ha dejado de ser simplemente una estrategia de marketing o publicidad y se ha convertido en un cambio de comportamiento efectivo para las empresas de todo el mundo. 

La economía baja en carbono representa una nueva etapa en la historia mundial, que permite la continuación de la especie humana sin poner en peligro la economía global.

Adoptar medidas para combatir las altas emisiones de gases contaminantes es el primer paso para garantizar un planeta más sostenible y empresas que, además de obtener beneficios, aspiren cada día a un planeta mejor.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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RIBEIRO, Paulo; MENDES, José FG. Planificación para una movilidad urbana sostenible y eficiente: metodología para evaluar la descarbonización del sector. 2017.

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